Archivo de la Categoría Toni on the road

Sostenía varias cajas de dulces cuando el visor de la cámara me mostró la belleza de esa gran masa de tierra que tenemos bajo los pies. Mientras giraba el objetivo, conteniendo la respiración, el mundo me permitió robarle un pequeño trozo de su alma. Y yo, en mi egoísmo, que es atroz porque es humano, quise robarle el alma entera. Y cuando pensé tenerla entre mis manos vi que alguien había sido mas rápido que yo…

Qué pequeños nos hace sentir y cuanto mal le causamos… Al final decidí hacerle una foto de recuerdo para que no olvidar nunca que existió un día en el que los pájaros volaban, el sol brillaba y yo soñaba… como casi todos los días.

Buenas a todos, aquí os pondré unas cuantas fotos de este magnifico monumento por la noche. He de decir que la visita nocturna solo incluía los palacios nazaries. Así que para todo el que quiera ir a Granada para hacer esta visita le recomendaría que fuera por la mañana y una vez vista fuera otro día por la noche, aunque las visitas nocturnas solo están en verano.

Esta es una vista del paisaje tomada desde la entrada a los palacios:

Aquí vemos un túnel iluminado al que no se puede entrar. La cosa es que siento un interés fuera de lo normal hacia las zonas no visitables de los monumentos… es como si una fuerza interior me obligara a entrar XDD. Soy demasiado curioso con este tipo de cosas :P

Y para terminar os dejo con esta foto de la mítica sala de los leones. Que estaba muy mal iluminada y me las tuve que ingeniar para sacar una foto que se viera medianamente bien :(.

Y aquí termino con las fotillos :). Este es un monumento que vale la pena ver de noche, aunque cuando termines pienses que te han cobrado lo mismo por la entrada nocturna que por la diurna y te entren ganas de matar a alguien hahaha. Pero la oscuridad envuelve al recinto en una magia que solo la falta de luz es capaz de hacer brillar.

Yo, bajaba de un taxi que me dejó en la misma puerta del monumento. Mientras, los copos de nieve caían como hojas en primavera… La Alhambra erguida, vigilante sobre el Albaicín me esperaba mientras acogía entre sus muros el hormigueo de cientos de viajeros de todas partes del mundo.

Siendo sincero diré que era la primera vez que visitaba este sitio. Es curioso… está a escasamente una hora y media de donde vivo… y he tardado 24 años en decidirme a ir (si… es que soy asi de impulsivo ¬_¬’). Aunque he de reconocer que estaba algo nervioso, también reconozco que hasta el momento antes de poner un solo pie en tierra morisca era algo escéptico respecto a las fascinantes habladurías que durante toda mi vida había escuchado sobre este lugar. Que aunque se me antojaba legendario, no era mas que una imagen desenfocada de lo que podría encontrarme. Y como buen entusiasta, no quería que una idea preconcebida de este enclave me sugestionara o me hiciera esperar mas de lo que en realidad pudiera haber.

Así que cámara en mano, audioguia en la oreja y un agujero en el bolsillo me adentré entre sus paredes mientras mi cuerpo se fundía con la nieve, la lluvia, el frío, y las piedras. Toda una experiencia, imposible de contar con palabras.

Mis pies estaban pisando antigua tierra de moros, de sultanes y grandes mandatarios. La imagen de la nieve cayendo sobre sus fuertes muros era realmente cautivadora. El Palacio de Carlos V, los palacios nazaries, el generalife…, todo ese recinto tiene una magia especial que renace de sus maderas labradas, de los mocárabes que cuelgan de los techos, de la piedra desnuda, de sus fuentes y de sus aguas. Entrar alli es un viaje en el tiempo hacia las mil y una noches, un recorrido por la pluma de Washington Irving… Romántico, hipnótico, único, inexplicable…

Una vez que indagué dentro de sus entrañas descubrí algo que jamás olvidaré… Que la magia de los relatos que escuche de pequeño sobre La Alhambra no es mas que una débil sombra comparado con el esplendor de aquel recinto y la emoción de sentirlo palmo a palmo, mientras te dejas llevar por el encantamiento de un estandarte histórico que no puede ser pasado por alto en la vida de nadie.

A mi sultana, Silvia.

En Cádiz, las columnas de una barandilla crean atrayentes y sinuosas formas contra la luz del sol. Sentados en un banco dejamos volar la imaginación al compas de la brisa y de la luz.