Todas las noches se sentaba a su lado y la miraba bajo aquella tenue luz de la habitación. Sus cabellos oscuros se recogían suavemente a la espalda formando una cascada brillante y sugerente, y dejaba al descubierto un bellísimo rostro que acentuaba unos labios pequeños y rosados que sin articularse inspiraban las mas bellas palabras y el mas dulce gesto que un hombre jamás hubiera deseado. Aquellos ojos con los que le miraba tenían una luz propia que llenaba la habitación y el corazón de cualquier mortal que se atreviera a mirarlos, eran claros como el agua, profundos y de una belleza solo comparable al mas ostentoso de los diamantes que hubiera sobre la tierra o bajo ella.
Aquel cuerpo contenía la belleza de miles de sirenas que formaban con sus cantos unas tímidas curvas que ni el pincel del más virtuoso de los pintores habrían podido expresar en toda su perfección.
Como cada noche… la miraba sin poder acercarse, sin poder rozarla. La observaba hora tras hora, enamorado de una belleza que no conocía límites, aquella piel era su credo, su religión, su gran pecado y su gran maldición. Era tan delicada…, tan frágil… que sus ordinarias manos podrían dañarla sin remedio. Así que como cada noche también, se limpiaba la amargura que brotaba de sus ojos en forma de lágrimas y salía de la habitación dejando atrás una vitrina de apenas treinta centímetros que contenían el amor hecho de porcelana encerrado entre cuatro cristales. Y cerraba la puerta tras de sí pensando en cómo era posible poseer el amor, tenerlo tan cerca… y no poder disfrutarlo.
A los peluseros, enamorados de una muñeca de porcelana.
Toni P.
Entradas (RSS)
Diciembre 7th, 2007 a las 10:36
La vida está llena de amores imposibles.
Diciembre 7th, 2007 a las 11:48
“Y el momento más terrible:
comprender que es imposible
rebelarse contra el devenir.”
¿Es posible rebelarse contra el devenir?